¿El fin del binarismo?

De revista Anfibia.   Por primera vez en la historia, una persona logró que la categoría sexo de su DNI quede en blanco, sin hacer juicio.  El caso de Caro Gero mostró la potencia de la Ley de Identidad de Género en tiempos de la avanzada anti ESI.  El fin del binarismo y del sexo como categoría jurídica.  Por Blas Radi.

¿Cambió de género? ¿Cambió de sexo? ¿Sexo y género son lo mismo? No, no son lo mismo. Pero la confusión tiene sentido. Mucha gente asume que sólo existen dos sexos, dos géneros, y que entre ambos hay algo así como una relación de correspondencia biológica. Estos supuestos parecen reponer una versión contemporánea del dualismo sustancialista cartesiano. El sexo es pensado como un dato objetivo, físico, corporal y se identifica con los genitales. El género, por su parte, es entendido como un fenómeno mental, subjetivo, una vivencia interna vinculada con la manera en que la gente se identifica. Por último, el vínculo entre ambos es resuelto por un modelo causal que hace del género una consecuencia de ciertas características físicas. Así, en nuestro país se asigna un sexo a las personas recién nacidas (en función de una inspección genital) y el género parecería seguirse con necesidad de esa asignación.

Estas creencias no son caprichosas. Para nada. Forman parte del sentido común. La mayoría de nuestras instituciones están comprometidas con ellas y son una parte fundamental del currículum (oculto y explícito) de los planes de estudios. Esto explica que, aunque sepamos que en realidad el sexo no se reduce a los genitales, que hay una gran variedad de cuerpos y que la gente se identifica como quiere, adoptemos la dogmática del sexo y el género como si se tratara de una verdad autoevidente que debe ser defendida.

"Pero yo salgo a la calle y sólo veo hombres y mujeres", sostiene alguien, con un gesto suspicaz, como si estuviera aportando evidencia clave a las discusiones. Pero claro, mirá vos. Yo salgo a la calle y veo que la Tierra es plana. Te digo más: veo que la Tierra está en reposo y el sol se mueve a su alrededor.

A menudo "la biología" forma parte de la conversación, como si se tratara de un interlocutor -uno que, por lo general, articula todas las opiniones del sentido común-. El prestigio y la autoridad de la ciencia (una que por lo general resulta desconocida para quienes la invocan) debería funcionar como base irrefutable. En rigor, distintas disciplinas (incluso aquellas consideradas "ciencias duras") ofrecen recursos de sobra para desmontar la ortodoxia del sentido común sobre sexo y género que, sin embargo, forman parte del evangelio secular de lxs apóstoles de twitter.

La ciudad de Buenos Aires acaba de ser sede del Congreso Mundial de Salud Trans (WPATH, por sus siglas en inglés). La organización Global Action for Trans* Equality, dirigida por Mauro Cabral, organizó una preconferencia con más de cincuenta activistas trans* e intersex de todo el mundo, apoyando su inscripción en el Congreso como asistentes y expositorxs. La clave de la despatologizaciónmarcó las discusiones acerca del papel de la medicina en las definición de las experiencias trans* e intersex.

Algunos de los temas más debatidos en ese marco fueron el desencuentro entre prácticas médicas y estándares internacionales de derechos humanos, y las tensiones entre las investigaciones presentadas y los códigos de ética vigentes. Eleonora Lamm estuvo allí también, y ofreció una conferencia sobre la deconstrucción del sexo, el género y las relaciones, cuya conclusión fue un llamado elocuente a avanzar hacia "un mundo sin sexo legal, que promueva y conlleve la existencia de tantos géneros como personas".Leer más.